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Alberto Chirif presenta il libro “Pueblos indígenas y Participación en la Amazonia Peruana”

Intervento di Alberto Chirif,antropologo esperto in temi amazzonici:

Sistematización de una experiencia: Pueblos indígenas y participación en la Amazonía peruana

     Alberto Chirif
 I.    Introducción.-
El libro Pueblos indígenas y participación en la Amazonía peruana que acaba de publicar Terra Nuova, quien tan gentilmente me ha pedido comentar, aborda el trabajo realizado por esta institución, entre marzo 2005 y julio 2008, en el marco de su “Programa de Formación y Comunicación sobre los derechos Sociales y Económicos”. Agradezco a Terra Nuova por esta invitación y la felicito por la sistematización, un tipo de trabajo muy poco practicado en el Perú, a pesar de su importancia como instrumento de reflexión sobre los procesos impulsados, de aprendizaje de logros y fracasos y de construcción de memoria institucional.   
 
II.    Definiciones básicas.-
Quiero hacer algunas consideraciones sobre el tema de la sistematización que destaquen la importancia de esta metodología y permitan reflexionar sobre los alcances del  libro que comento. Una definición básica equipara este concepto con el hecho de ordenar, organizar y clasificar. El uso y desarrollo del concepto en las ciencias sociales ha estado principalmente vinculado a experiencias vividas, por ejemplo, una propuesta de desarrollo en ejecución o finalizada, previamente explicitada en un documento que guíe su proceso. Ahora bien, este esfuerzo no se realiza por gusto, por simple ejercicio intelectual, sino que persigue una finalidad, que es extraer conocimientos de la experiencia y hacerlos comunicables, de manera de contribuir con un proceso mayor, que supere los límites del propio proyecto, y difundirlos hacia otras instituciones o personas comprometidas con experiencias similares. De este modo se habrá contribuido a comunicar fracasos y éxitos y, lo que es más importante, los procesos seguidos para lograr estos últimos. Sistematizar es una manera de crear la memoria institucional, es decir, hacer que ésta sea independiente de las personas involucradas, que definitivamente cambian durante el tiempo.  
La sistematización implica la reconstrucción de una experiencia y, en este sentido, exige que ella sea descrita con el mayor detalle y objetividad posible. No obstante, esto no es suficiente porque también es fundamental reflexionar y analizar sobre el proceso realizado, que parte de su planteamiento teórico (hipótesis, fundamentación, objetivos, estrategias, metas y recursos empleados) y continúa con sus realizaciones prácticas: cómo los instrumentos teóricos fueron ejecutados, qué capacidades se desarrollaron en el proceso y cuáles fueron los logros más significativos, así como también los errores y fracasos, estos últimos, elementos tan o más importantes de aprendizaje que los éxitos. En efecto, cuando los errores se ocultan, el riesgo de volver a caer en ellos estará latente, mientras que si se procesan, se podrá extraer de ellos valioso resultados que enseñan a no cometerlos más De la comprensión alcanzada a través del análisis resultarán conclusiones que deberán constituirse en la síntesis del proceso y que permitirán establecer comparaciones entre la experiencia sistematizada y otras similares.   
 
Francke y Morgan aportan la siguiente definición del concepto:
[La sistematización] …es un proceso de reconstrucción y reflexión analítica sobre una experiencia de promoción vivida personalmente (o sobre determinados aspectos de ésta), mediante el cual interpretamos lo sucedido, para comprenderlo. Ello permite obtener un producto consistente y sustentado, a partir del cual es posible transmitir la experiencia, confrontarla con otras y con el conocimiento teórico existente, y así contribuir a una acumulación de conocimientos generados desde y para la práctica (Francke y Morgan 1995:13).
 
Estas investigadoras rastrean el concepto en la década de 1980, cuando el Centro de Estudios del Tercer Mundo (CEESTEM) de México constituyó un equipo para sistematizar experiencias de educación popular, buscando establecer clasificaciones y tipologías para poder establecer comparaciones entre ellas. El Centro de Estudios de la Educación (CIDE) y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) de Chile trabajaron en la misma línea durante esos años.
Uno de los miembros de este equipo, Sergio Martinic, propuso el concepto de "hipótesis de acción" para indicar que toda intervención conlleva hipótesis implícitas que vinculan tres variables: el problema sobre el cual se pretende actuar, los objetivos que se quieren lograr y la manera como se espera alcanzar el cambio. Ese investigador indica que es útil reconstruir y explicitar las "hipótesis de acción" subyacentes a fin de organizar y comprender los procesos sociales que se desarrollan a partir de intervenciones.  
Por su parte, Óscar Jara define el concepto de sistematización así: Interpretación crítica de una o varias experiencias que, a partir de su ordenamiento y reconstrucción, descubre o explicita la lógica del proceso vivido, los factores que han intervenido en dicho proceso, cómo se han interrelacionado entre sí y por qué lo han hecho de ese modo.
 
Como finalidades de la sistematización precisa:
•    Tener una comprensión más profunda de las experiencias, con el fin de mejorar la práctica.
•    Compartir con otras prácticas similares las enseñanzas surgidas de la experiencia.
•    Aportar a la reflexión teórica y a la construcción de teoría, conocimientos surgidos de prácticas sociales concretas.


III.    El trabajo de Terra Nuova.-
A lo largo de tres años, Terra Nuova ha desarrollado su trabajo en cuatro regiones y ocho provincias, que son: Amazonas (Condorcanqui y Bagua), Loreto (Datem del Marañón y Alto Amazonas), Ucayali (Atalaya y Coronel Portillo) y la Selva Central de Junín (Satipo y Chanchamayo). En estas zonas, ha trabajado de manera coordinada con cuatro de las regionales de la confederación indígena Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), que son, respectivamente: Organización Regional de Pueblos Indígenas de la Amazonía Norte del Perú (ORPIAN-P), Coordinadora Regional de Pueblos Indígenas (CORPI), Organización Regional de AIDESEP Ucayali (ORAU) y Asociación Regional de Pueblos Indígenas (ARPI). Allí ha trabajado con un número considerable de comunidades: 30 por cada región.

El trabajo ha estado debidamente coordinado entre las partes y, según señala el texto, “…surgió de un análisis compartido entre la asociación Terra Nuova y los dirigentes de AIDESEP acerca de las necesidades de las comunidades amazónicas para enfrentar las causas de la persistencia de la pobreza y exclusión” (p. 35).  
El Programa DESC se planteó como objetivo “…facilitar un proceso de participación, concertación y ejercicio de ciudadanía que involucrara a todos los agentes de la comunidad […] en el planteamiento de propuestas de desarrollo comunal desde su propia visión y cosmovisión” (p. 36).
Trabajó este objetivo mediante la articulación de tres componentes:  
o    Mejorar la comunicación entre los diferentes niveles de las organizaciones indígenas y la concertación entre dirigentes y comunidades.
o    Formar dirigentes y líderes de ambos sexos con actitudes democráticas y conocedores de sus derechos, y con capacidad para promover y gestionar espacios de participación ciudadana en la administración local.
o    Apoyar la elaboración de planes de vida en 120 comunidades, como resultados de diagnósticos participativos, que sirvan para la definición de planes de desarrollo.

 

Los enfoques del Programa han sido los siguientes: derechos indígenas, interculturalidad, equidad de género y medio ambiente. Se trata de enfoques de gran importancia para la vida de los pueblos indígenas, por lo que quiero plantear algunas reflexiones.

Derechos indígenas.-
El tema ha sido abordado por el Programa desde la perspectiva de las leyes nacionales en comparación con las normas consuetudinarias, que se refieren no sólo a cuestiones relativas a conflictos sino, principalmente, de los comportamientos que deben regir las relaciones entre los seres humanos y las de ellos con los seres de la naturaleza, es decir, los seres que controlan lo que nosotros conocemos como “recursos naturales”.  
Acá nos enfrentamos al tema de las concepciones subyacentes a cada tipo de “derecho”. Mientras para los indígenas sus territorios amazónicos son el mundo creado y ordenado por sus ancestros, para el Estado, en cambio, la Amazonía es un espacio de producción que, durante años, ha considerado como de potencial agrícola. De allí los programa de colonización que terminaron destrozando el bosque y empobreciendo a colonos e indígenas. Hoy en día el Estado declara a indígenas y colonos como depredadores y dando un giro total, que para nada reconoce su propia responsabilidad de haber impulsado, durante más de un siglo, la colonización y la transformación de bosques en cultivos y pastos, busca convertir esas tierras en mercancía, cuyo destinatario principal es el gran capital, supuestamente con conocimiento, tecnología y recursos para hacerlas productivas. Acá tampoco se analiza para nada lo que ha sucedido en el Perú con grandes concesiones, como The Peruvian Corporation, desde comienzo hasta mediados del siglo XX, o Le Tourneau, en la década de 1950. Tecnología y recursos financieros los tenían, pero ¿para qué sirvieron si no para terminar con grandes extensiones de bosques biodiversos y, en el caso de la primera empresa, para arrinconar a los Yanesha y Ashaninka en minúsculos terrenos depredados? Ejemplos de la ineficiencia de este tipo de empresas y de sus consecuencias nefastas para el medio ambiente, abundan en otros países, como Brasil, por ejemplo.   
Otro serio problema referido al tema de derechos, es que la propiedad que el Estado reconoce a los pueblos indígenas es parcial, ya que sólo incluye los suelos de aptitud agropecuaria, no así los de aptitud forestal, ni menos los recursos del subsuelo. Si bien el tema de los bosque ha estado medianamente controlado, dado que el Estado, al titular los territorios comunales, se los entregaba en contratos de cesión en uso, en los últimos tiempos, con la voracidad declarada por parte de empresas nacionales y transnacionales y el afán de servicio que en este caso muestra el Estado hacia ellas, existe el riesgo de que los bosques cedidos en uso terminen en manos de dichas empresas.  
En el caso de los recursos del subsuelo, bueno fuera que pudieran ser explotados sin afectar el suelo, pero no es así. No sólo afectan los suelos, sino también las aguas, fuente fundamental de donde provienen los alimentos para los pobladores indígenas y ribereños, en especial, de aquellos asentados en el llano amazónico; y, por supuesto, afectan además lo más preciado del ser humano, su propia salud, hoy deteriorada por la presencia en sus organismos de metales pesados, como consecuencia de la explotación de hidrocarburos.
Por todas estas razones, encarar el tema de los derechos de los pueblos indígenas es fundamental. Sin embargo, el libro no ofrece detalles sobre cómo el Programa DESC ha abordado el tema, lo que hubiera sido importante para saber, por ejemplo, cómo ha tratado la cuestión de los recortes paulatinos y sistemáticos que actualmente hace el Estado de los derechos colectivos de los pueblos indígenas contemplados en la Constitución y en la ley de comunidades nativas, así como también aquéllos que él mismo ha reconocido al suscribir la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas aprobada por la ONU y el Convenio 169 de la OIT. Los temas de identidad y afirmación son también fundamentales en este aspecto, dado que nadie defenderá sus derechos si esta afectado por la vergüenza. 

Interculturalidad.-
Aprecio la definición de interculturalidad que ha manejado el Programa. Dice: “Hemos apostado a la interculturalidad como proceso de interrelación que parte del reconocimiento de la diversidad y del respeto de las diferencias, un proceso que –reflexionando sobre actitudes y comportamientos- busca desarrollar una interacción social equitativa entre personas, conocimientos y prácticas diferentes, una interacción que reconoce y que parte de las desigualdades sociales, económicas, políticas y de poder” (p. 39).  
En efecto, un enfoque interculturalidad que evada el tema de las relaciones de poder es “ligero” y maquillador de las contradicciones sociales. Esta visión es la que predomina hoy en el Estado, en varios organismos internacionales de desarrollo, en muchas ONG y hasta en algunas organizaciones indígenas, que por cierto no es AIDESEP. Fidel Tubino señala: “El concepto de interculturalidad hoy vigente en el sistema educativo nacional es un concepto funcional para la reproducción sin cambios del estatus quo y del sistema social vigente” (p. 5).
Entonces, desde el punto de vista de su intensidad y profundidad, las propuestas pueden ser exigentes y radicales, si cuestionan las condiciones de inequidad vigentes en las relaciones entre sociedades con culturas distintas y se orientan a cambiarlas; o leves y maquilladoras, si consciente o inconscientemente evaden el análisis de las condiciones de poder y dominio entre las diversas sociedades y sectores sociales de un país, imaginando que todos sus miembros gozan de los mismos derechos y prerrogativas. Es claro que esta última perspectiva elude el análisis de las causas de la injusticia y la pobreza y, más aun, la búsqueda de soluciones que permitan superarlas.
Sobre este aspecto, encuentro preciso el comentario que hace Policarpo Sánchez, shipibo, coordinador del equipo local del Programa en el Ucayali. Dice: “Últimamente hay toda una corriente de homogenización, los funcionarios nos dicen: Todos somos peruanos, todos somos iguales, perfecto, todos somos peruanos, pero hay diferencias culturales que tienen que considerarse como elementos para poder desarrollar y no fracasar” (p. 40).
También encuentro preciso el dicho popular que señala: “Todos somos iguales (que podemos reemplazar por peruanos), pero algunos somos más iguales que otros”. 

Equidad de género.-
También encuentro acertado el enfoque del Programa referido a la equidad de género. Según éste: “La equidad de género supone que los diferentes comportamientos, aspiraciones y necesidades de las mujeres y de los hombres se consideren, valoren y promuevan de igual manera en los diferentes espacios de la vida cotidiana, comunal y organizacional” (p. 40).  
La equidad de género es central a cualquier programa que asuma el tema de derechos. Lo importante es abordarlo sabiendo sobre qué medio se actúa y, sobre todo, cómo se adapta el tema sin prejuicios, es decir, sin considerar de antemano que los roles prestigiosos son los que desarrollan los hombres mientras que los de las mujeres son secundarios y pasivos. La caza, que es una actividad eminentemente masculina en las sociedades indígenas, a excepción de la caza con trampas, que a veces también puede ser realizada por mujeres, es ciertamente una actividad prestigiosa para los hombres, pero no lo es en comparación con actividades realizadas por las mujeres, como puede ser el manejo de la chacra, o la preparación de alimentos y bebidas; sino en comparación entre hombres que son buenos cazadores y otros que son afasi, es decir, malos cazadores.  
La agricultura es, en general, una actividad femenina en todas las sociedades indígenas amazónicas, con excepción de algunos productos (como el tabaco) que son sembrados por el hombre, quien además es el que tala el monte para hacer las chacras, aunque la mujer colabora en el proceso distribuyendo masato y alimentos. Esto dentro de lo tradicional, porque con los nuevos productos (como arroz o yute) ambos géneros convergen en su cultivo. Nunca supe de un hombre indígena que calificara la agricultura como actividad secundaria y pasiva, mucho menos, nunca escuché a un hombre indígena reírse de su mujer ni despreciarla por realizar esta tarea u otras propias de la división sexual del trabajo. Por lo demás, hay actividades que varían mucho de  acuerdo a las sociedades. El hilado y tejido es uno de ellos, ya que si bien en muchos pueblos indígenas es actividad femenina, en otros, como los del tronco Jíbaro, es una labor masculina. En efecto, en estos casos son los hombres quieren hilan y tejen no sólo para ellos sino también para sus mujeres e hijos, tanto en lo que se refiere al trabajo del algodón, como de la chambira o de diversas confecciones a partir de bejucos.
Es verdad que como efecto nocivo de la colonización, la TV y las películas ha aparecido el machismo que ha generado situaciones de desequilibrio de poder entre hombres y mujeres, que es algo que hay que enfrentar para cambiarlo. En esto considero que hay temas dentro del enfoque de género que deben ser frontalmente atacados. La violencia masculina contra la mujer es uno de ellos. A su vez, debe promoverse la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres en las nuevas actividades que se planteen: capacitaciones en temas diversos, formación profesional de maestros y otras especialidades, iniciativas de manejo de recursos naturales y otros.
Respeto a la división sexual del trabajo referida a actividades tradicionales, si bien no creo que haya que santificarla, sí considero importante dejar total libertad a la gente para que maneje los cambios a su propio ritmo, ya que se trata de cuestionen que comprometen profundamente la estructura de valores de la sociedad y la organización social y económica. Demás está decir que se están produciendo cambios que apuntan en sentido de la equidad de género en el desempeño de roles, como lo demuestra el hecho de que las cabezas de dos de las organizaciones regionales con las que trabajado este Programa, son mujeres: ARPI y ORAU.

Medio ambiente.-
El enfoque de medio ambiente del Programa ha tenido el acierto de vincular este tema con el de la salud y otros más. Según su propio planteamiento: “Los conceptos de medio ambiente y salud están íntimamente ligados con el desarrollo sostenible, el uso, acceso y control de los recursos y el respeto hacia todo lo que nos rodea. En este marco, el medio ambiente es entendido como el conjunto de valores, recursos naturales, sociales y culturales existentes en un lugar y en un momento determinado que influye en la vida material y psicológica de las personas y el futuro de generaciones venideras” (p. 41)
La palabra medio ambiente, como conjunto de factores climáticos, edáficos y bióticos que hacen parte del entorno humano y actúan sobre los individuos, no tiene equivalente exacto en las lenguas indígenas. Si preguntáramos a indígenas de diversas tradiciones cómo se dice medio ambiente en sus propias lenguas, seguramente ellos darán como respuesta la palabra que usan para nombrar a la Tierra, al Universo como espacio total de la creación. Esto abre la necesidad de recoger en trabajos futuros más categorías indígenas sobre bienestar y otras cuestiones, como su manera de entender el tema de salud, por ejemplo.  
La gestión ambiental, entendida como la correcta administración del medio ambiente basada en el principio de no exigirle a éste más allá de su capacidad natural o asistida de regeneración, es fundamentalmente el producto de un acuerdo social. En las sociedades indígenas, la gestión ambiental y el manejo de recursos han constituido prácticas implícitas de las conductas humanas de relación con la naturaleza, que tienen un fuerte contenido ético.  
Los planes de manejo diseñados por el Estado se han convertido en camisas de fuerza para los grupos organizados de comunidades indígenas y ribereñas que quieren formalizar sus iniciativas y que se les reconozca su justo derecho de beneficiarse del aprovechamiento de los recursos que cuidan y que han ayudado a repotenciar. No es por falta de propuestas que no hay planes de manejo aprobados, sino por antojadizos bloqueos de un Estado que, a la vez que estrangula estas iniciativas, permite la más descarada extracción ilegal de madera de áreas naturales protegidas, tierras fiscales y territorios de comunidades o la más irresponsable contaminación del medio ambiente, por empresas extractivas que arrojan sus desechos químicos al bosque y a los ríos.

Final.-  
No quiero cansar más a esta amable audiencia que ha tenido la paciencia de escucharme desde hace más de media hora. Por eso, para terminar quiero referirme a un tema que si bien es mencionado en el libro, no ha sido suficientemente desarrollado. Me refiere al buen vivir, concepto que paulatinamente se ha ido abriendo paso contraponiéndose al de desarrollo. En efecto, este último se basa en indicadores que se imponen a priori, pero que no reflejan estrictamente la realidad. Por ejemplo, la alfabetización, que no toma en cuenta la mala calidad de las lecturas que llegan a manos de la población indígena y que no contribuyen, como sí sucedía con los sistemas orales de socialización, a educarla ni a transmitirle los valores y conocimientos necesarios para su vida. La llamada agua potable, concepto que en realidad se refiere a agua que sale por un tubo, es otro de esos indicadores que se atribuyen una calidad a priori que por lo general no tienen, frente al agua limpia de quebradas. Y por supuesto el PBI, que no refleja la real distribución de la riqueza generada, como se pone en evidencia, por ejemplo, en los distritos de mayor extracción petrolera, donde los índices de PBI son muy altos, pero el deterioro de las condiciones de vida de la población gente (acceso a alimentos, salud, tranquilidad y otros) es total. En este sentido, no es que las poblaciones indígenas sean pobres como condición consubstancial, sino que han sido empobrecidas a causa de la agresión contra su sistema de buen vivir. Es preciso revisar los lugares comunes de la literatura del desarrollo para construir un conjunto de conceptos que permitan una mejor compresión de la realidad. La buena calidad de la vida y de la alimentación desde la perspectiva de los propios pueblos indígenas deben constituir indicadores, no digamos que para medir la riqueza, pero sí el bienestar de la gente, el vivir bien que mi colega Elvira Belaunde (Viviendo Bien. CAAAP-BCR, Lima 2001) desarrolla en su libro sobre los Airo Pai. Otros indicadores importantes, que pueden sonar a herejía para economistas y políticos, deben ser la capacidad de vivir en paz y, en todo caso, de manejar sus propios conflictos, compartir con los demás, reír y disfrutar de un ambiente sano.  
Estoy seguro que para Terra Nuova el trabajo de sistematización no termina con esta publicación, sino que, a partir de ella, abrirá una profunda reflexión sobre las lecciones aprendidas en este Programa, lo que le permitirá extraer valiosos conocimientos para construir nuevas propuestas en el futuro.