Alberto Chirif presenta il libro “Pueblos indígenas y Participación en la Amazonia Peruana”
Intervento di Alberto Chirif,antropologo esperto in temi amazzonici:
Sistematización de una experiencia: Pueblos indígenas y participación en la Amazonía peruana
Quiero hacer algunas consideraciones sobre el tema de la sistematización que destaquen la importancia de esta metodología y permitan reflexionar sobre los alcances del libro que comento. Una definición básica equipara este concepto con el hecho de ordenar, organizar y clasificar. El uso y desarrollo del concepto en las ciencias sociales ha estado principalmente vinculado a experiencias vividas, por ejemplo, una propuesta de desarrollo en ejecución o finalizada, previamente explicitada en un documento que guíe su proceso. Ahora bien, este esfuerzo no se realiza por gusto, por simple ejercicio intelectual, sino que persigue una finalidad, que es extraer conocimientos de la experiencia y hacerlos comunicables, de manera de contribuir con un proceso mayor, que supere los límites del propio proyecto, y difundirlos hacia otras instituciones o personas comprometidas con experiencias similares. De este modo se habrá contribuido a comunicar fracasos y éxitos y, lo que es más importante, los procesos seguidos para lograr estos últimos. Sistematizar es una manera de crear la memoria institucional, es decir, hacer que ésta sea independiente de las personas involucradas, que definitivamente cambian durante el tiempo.
Francke y Morgan aportan la siguiente definición del concepto:
Uno de los miembros de este equipo, Sergio Martinic, propuso el concepto de "hipótesis de acción" para indicar que toda intervención conlleva hipótesis implícitas que vinculan tres variables: el problema sobre el cual se pretende actuar, los objetivos que se quieren lograr y la manera como se espera alcanzar el cambio. Ese investigador indica que es útil reconstruir y explicitar las "hipótesis de acción" subyacentes a fin de organizar y comprender los procesos sociales que se desarrollan a partir de intervenciones.
Por su parte, Óscar Jara define el concepto de sistematización así: Interpretación crítica de una o varias experiencias que, a partir de su ordenamiento y reconstrucción, descubre o explicita la lógica del proceso vivido, los factores que han intervenido en dicho proceso, cómo se han interrelacionado entre sí y por qué lo han hecho de ese modo.
• Compartir con otras prácticas similares las enseñanzas surgidas de la experiencia.
• Aportar a la reflexión teórica y a la construcción de teoría, conocimientos surgidos de prácticas sociales concretas.
III. El trabajo de Terra Nuova.-
A lo largo de tres años, Terra Nuova ha desarrollado su trabajo en cuatro regiones y ocho provincias, que son: Amazonas (Condorcanqui y Bagua), Loreto (Datem del Marañón y Alto Amazonas), Ucayali (Atalaya y Coronel Portillo) y la Selva Central de Junín (Satipo y Chanchamayo). En estas zonas, ha trabajado de manera coordinada con cuatro de las regionales de la confederación indígena Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), que son, respectivamente: Organización Regional de Pueblos Indígenas de la Amazonía Norte del Perú (ORPIAN-P), Coordinadora Regional de Pueblos Indígenas (CORPI), Organización Regional de AIDESEP Ucayali (ORAU) y Asociación Regional de Pueblos Indígenas (ARPI). Allí ha trabajado con un número considerable de comunidades: 30 por cada región.
El Programa DESC se planteó como objetivo “…facilitar un proceso de participación, concertación y ejercicio de ciudadanía que involucrara a todos los agentes de la comunidad […] en el planteamiento de propuestas de desarrollo comunal desde su propia visión y cosmovisión” (p. 36).
o Formar dirigentes y líderes de ambos sexos con actitudes democráticas y conocedores de sus derechos, y con capacidad para promover y gestionar espacios de participación ciudadana en la administración local.
o Apoyar la elaboración de planes de vida en 120 comunidades, como resultados de diagnósticos participativos, que sirvan para la definición de planes de desarrollo.
Derechos indígenas.-
Acá nos enfrentamos al tema de las concepciones subyacentes a cada tipo de “derecho”. Mientras para los indígenas sus territorios amazónicos son el mundo creado y ordenado por sus ancestros, para el Estado, en cambio, la Amazonía es un espacio de producción que, durante años, ha considerado como de potencial agrícola. De allí los programa de colonización que terminaron destrozando el bosque y empobreciendo a colonos e indígenas. Hoy en día el Estado declara a indígenas y colonos como depredadores y dando un giro total, que para nada reconoce su propia responsabilidad de haber impulsado, durante más de un siglo, la colonización y la transformación de bosques en cultivos y pastos, busca convertir esas tierras en mercancía, cuyo destinatario principal es el gran capital, supuestamente con conocimiento, tecnología y recursos para hacerlas productivas. Acá tampoco se analiza para nada lo que ha sucedido en el Perú con grandes concesiones, como The Peruvian Corporation, desde comienzo hasta mediados del siglo XX, o Le Tourneau, en la década de 1950. Tecnología y recursos financieros los tenían, pero ¿para qué sirvieron si no para terminar con grandes extensiones de bosques biodiversos y, en el caso de la primera empresa, para arrinconar a los Yanesha y Ashaninka en minúsculos terrenos depredados? Ejemplos de la ineficiencia de este tipo de empresas y de sus consecuencias nefastas para el medio ambiente, abundan en otros países, como Brasil, por ejemplo.
Otro serio problema referido al tema de derechos, es que la propiedad que el Estado reconoce a los pueblos indígenas es parcial, ya que sólo incluye los suelos de aptitud agropecuaria, no así los de aptitud forestal, ni menos los recursos del subsuelo. Si bien el tema de los bosque ha estado medianamente controlado, dado que el Estado, al titular los territorios comunales, se los entregaba en contratos de cesión en uso, en los últimos tiempos, con la voracidad declarada por parte de empresas nacionales y transnacionales y el afán de servicio que en este caso muestra el Estado hacia ellas, existe el riesgo de que los bosques cedidos en uso terminen en manos de dichas empresas.
En el caso de los recursos del subsuelo, bueno fuera que pudieran ser explotados sin afectar el suelo, pero no es así. No sólo afectan los suelos, sino también las aguas, fuente fundamental de donde provienen los alimentos para los pobladores indígenas y ribereños, en especial, de aquellos asentados en el llano amazónico; y, por supuesto, afectan además lo más preciado del ser humano, su propia salud, hoy deteriorada por la presencia en sus organismos de metales pesados, como consecuencia de la explotación de hidrocarburos.
Por todas estas razones, encarar el tema de los derechos de los pueblos indígenas es fundamental. Sin embargo, el libro no ofrece detalles sobre cómo el Programa DESC ha abordado el tema, lo que hubiera sido importante para saber, por ejemplo, cómo ha tratado la cuestión de los recortes paulatinos y sistemáticos que actualmente hace el Estado de los derechos colectivos de los pueblos indígenas contemplados en la Constitución y en la ley de comunidades nativas, así como también aquéllos que él mismo ha reconocido al suscribir la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas aprobada por la ONU y el Convenio 169 de la OIT. Los temas de identidad y afirmación son también fundamentales en este aspecto, dado que nadie defenderá sus derechos si esta afectado por la vergüenza.
Interculturalidad.-
En efecto, un enfoque interculturalidad que evada el tema de las relaciones de poder es “ligero” y maquillador de las contradicciones sociales. Esta visión es la que predomina hoy en el Estado, en varios organismos internacionales de desarrollo, en muchas ONG y hasta en algunas organizaciones indígenas, que por cierto no es AIDESEP. Fidel Tubino señala: “El concepto de interculturalidad hoy vigente en el sistema educativo nacional es un concepto funcional para la reproducción sin cambios del estatus quo y del sistema social vigente” (p. 5).
Entonces, desde el punto de vista de su intensidad y profundidad, las propuestas pueden ser exigentes y radicales, si cuestionan las condiciones de inequidad vigentes en las relaciones entre sociedades con culturas distintas y se orientan a cambiarlas; o leves y maquilladoras, si consciente o inconscientemente evaden el análisis de las condiciones de poder y dominio entre las diversas sociedades y sectores sociales de un país, imaginando que todos sus miembros gozan de los mismos derechos y prerrogativas. Es claro que esta última perspectiva elude el análisis de las causas de la injusticia y la pobreza y, más aun, la búsqueda de soluciones que permitan superarlas.
Sobre este aspecto, encuentro preciso el comentario que hace Policarpo Sánchez, shipibo, coordinador del equipo local del Programa en el Ucayali. Dice: “Últimamente hay toda una corriente de homogenización, los funcionarios nos dicen: Todos somos peruanos, todos somos iguales, perfecto, todos somos peruanos, pero hay diferencias culturales que tienen que considerarse como elementos para poder desarrollar y no fracasar” (p. 40).
También encuentro preciso el dicho popular que señala: “Todos somos iguales (que podemos reemplazar por peruanos), pero algunos somos más iguales que otros”.
Equidad de género.-
La equidad de género es central a cualquier programa que asuma el tema de derechos. Lo importante es abordarlo sabiendo sobre qué medio se actúa y, sobre todo, cómo se adapta el tema sin prejuicios, es decir, sin considerar de antemano que los roles prestigiosos son los que desarrollan los hombres mientras que los de las mujeres son secundarios y pasivos. La caza, que es una actividad eminentemente masculina en las sociedades indígenas, a excepción de la caza con trampas, que a veces también puede ser realizada por mujeres, es ciertamente una actividad prestigiosa para los hombres, pero no lo es en comparación con actividades realizadas por las mujeres, como puede ser el manejo de la chacra, o la preparación de alimentos y bebidas; sino en comparación entre hombres que son buenos cazadores y otros que son afasi, es decir, malos cazadores.
La agricultura es, en general, una actividad femenina en todas las sociedades indígenas amazónicas, con excepción de algunos productos (como el tabaco) que son sembrados por el hombre, quien además es el que tala el monte para hacer las chacras, aunque la mujer colabora en el proceso distribuyendo masato y alimentos. Esto dentro de lo tradicional, porque con los nuevos productos (como arroz o yute) ambos géneros convergen en su cultivo. Nunca supe de un hombre indígena que calificara la agricultura como actividad secundaria y pasiva, mucho menos, nunca escuché a un hombre indígena reírse de su mujer ni despreciarla por realizar esta tarea u otras propias de la división sexual del trabajo. Por lo demás, hay actividades que varían mucho de acuerdo a las sociedades. El hilado y tejido es uno de ellos, ya que si bien en muchos pueblos indígenas es actividad femenina, en otros, como los del tronco Jíbaro, es una labor masculina. En efecto, en estos casos son los hombres quieren hilan y tejen no sólo para ellos sino también para sus mujeres e hijos, tanto en lo que se refiere al trabajo del algodón, como de la chambira o de diversas confecciones a partir de bejucos.
Es verdad que como efecto nocivo de la colonización, la TV y las películas ha aparecido el machismo que ha generado situaciones de desequilibrio de poder entre hombres y mujeres, que es algo que hay que enfrentar para cambiarlo. En esto considero que hay temas dentro del enfoque de género que deben ser frontalmente atacados. La violencia masculina contra la mujer es uno de ellos. A su vez, debe promoverse la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres en las nuevas actividades que se planteen: capacitaciones en temas diversos, formación profesional de maestros y otras especialidades, iniciativas de manejo de recursos naturales y otros.
Respeto a la división sexual del trabajo referida a actividades tradicionales, si bien no creo que haya que santificarla, sí considero importante dejar total libertad a la gente para que maneje los cambios a su propio ritmo, ya que se trata de cuestionen que comprometen profundamente la estructura de valores de la sociedad y la organización social y económica. Demás está decir que se están produciendo cambios que apuntan en sentido de la equidad de género en el desempeño de roles, como lo demuestra el hecho de que las cabezas de dos de las organizaciones regionales con las que trabajado este Programa, son mujeres: ARPI y ORAU.
Medio ambiente.-
La palabra medio ambiente, como conjunto de factores climáticos, edáficos y bióticos que hacen parte del entorno humano y actúan sobre los individuos, no tiene equivalente exacto en las lenguas indígenas. Si preguntáramos a indígenas de diversas tradiciones cómo se dice medio ambiente en sus propias lenguas, seguramente ellos darán como respuesta la palabra que usan para nombrar a la Tierra, al Universo como espacio total de la creación. Esto abre la necesidad de recoger en trabajos futuros más categorías indígenas sobre bienestar y otras cuestiones, como su manera de entender el tema de salud, por ejemplo.
La gestión ambiental, entendida como la correcta administración del medio ambiente basada en el principio de no exigirle a éste más allá de su capacidad natural o asistida de regeneración, es fundamentalmente el producto de un acuerdo social. En las sociedades indígenas, la gestión ambiental y el manejo de recursos han constituido prácticas implícitas de las conductas humanas de relación con la naturaleza, que tienen un fuerte contenido ético.
Los planes de manejo diseñados por el Estado se han convertido en camisas de fuerza para los grupos organizados de comunidades indígenas y ribereñas que quieren formalizar sus iniciativas y que se les reconozca su justo derecho de beneficiarse del aprovechamiento de los recursos que cuidan y que han ayudado a repotenciar. No es por falta de propuestas que no hay planes de manejo aprobados, sino por antojadizos bloqueos de un Estado que, a la vez que estrangula estas iniciativas, permite la más descarada extracción ilegal de madera de áreas naturales protegidas, tierras fiscales y territorios de comunidades o la más irresponsable contaminación del medio ambiente, por empresas extractivas que arrojan sus desechos químicos al bosque y a los ríos.
Final.-
Estoy seguro que para Terra Nuova el trabajo de sistematización no termina con esta publicación, sino que, a partir de ella, abrirá una profunda reflexión sobre las lecciones aprendidas en este Programa, lo que le permitirá extraer valiosos conocimientos para construir nuevas propuestas en el futuro.